un amor sembrado ...

...entre bancales

MARTA & CARLOS

Después de cultivar su amor por varios años Marta y Carlos se casaron en un día muy especial. El más largo del calendario, coincidiendo con el inicio del verano y la noche de San Juan.
Llevaban juntos compartiendo sueños comunes durante mucho tiempo pero éste estaba pendiente, y el 23 de junio con el imponente Mediterráneo de fondo se juraron amor eterno.
La finca donde viven en el Puerto de Sóller fue el enclave para la celebración. Un entorno maravilloso, rústico y rodeado de terrazas de milenarios olivos con vistas al mar.

“Queremos que sea una gran fiesta, pero sin artificios y sin sobrepasar el presupuesto” …Siguiendo esta premisa, creamos un ambiente jovial, campestre y rural pleno de detalles artesanales hechos con amor.”
Para la iluminación, diseñamos a lo largo de la terraza principal un motivo geométrico de guirnaldas de luces de bombillas en oposición a guirnaldas de banderines de telas con estampados liberty, que en conjunto formaron una mágica atmosfera de verbena.

Los alegres colores del verano y el sol fueron nuestra paleta. Predominaban el blanco y una amplia variedad de amarillos.
Balas de paja, madera vista, troncos de árboles, tela de saco, estampados de florecillas, limones, plantas aromáticas y objetos de trabajo en el campo, dieron el toque campestre que buscábamos.
La novia llego en un pintoresco Fiat 600 vintage acompañada por su hermano. Un arco triple personalizado para la ocasión con telas de encaje, troncos y flores se convirtió en el altar, donde rodeados de amigos resplandecieron de alegría.
Para los pétalos de confetti utilizamos conos de papel realizados con páginas de libros antiguos y los asientos fueron las balas de paja que habitualmente alimentan a los animales de la finca.

El buffet finger food fue preparado por Ainere catering y nadie pudo resistirse a la gran tarta de gató de almendras mallorquina rellena de mascarpone y frutos del bosque.
Las zonas chill out fueron realizadas con conjuntos de troncos, como mesitas, y balas de paja vestidas como bancos. Cojines rústicos artesanales hechos con sacos de café dieron un toque personal y acogedor al espacio.
Una original barra construida con gigantescos árboles de la finca y la pérgola donde se realizó el baile cubierta con decenas de velas en farolillos de cuerda rústicos fueron el alma de la noche hasta el amanecer.

Este amor cultivado día a día iluminó una fiesta muy divertida que nos encantó preparar y que aquí compartimos.

Reportaje fotográfico @claudiamoraguesmarti y www.shadhaagliata.com
Muchísimas gracias por compartir estas preciosas capturas!

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